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mi andar, y sin hablar, preguntas:
- ¿Qué tal tu felicidad?, la mía, solitaria y desconocida.
Se encendieron las luces, y se murió el silencio.
Besé tus ojos blancos, vivos y dolidos, y solo acerté a decir:
- Siempre será hoy.
Bailamos el vals de los desconocidos e ilusionados, pero sin
poseernos, y en el último acorde te besé, pero sin tocarte.
Ahora miro tu recuerdo en mi lápiz gastado, en esta hoja
en blanco, en esta duermevela irreal y sin dejar de llorar
agradezco tu ahora.
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